Período anterior al inicio de una campaña electoral en el que se intensifica la actividad pública de un colectivo o un individuo que participará en una competición electoral.
No existe un tiempo fijado para la precampaña a diferencia de los períodos legales que si están establecidos para el desarrollo de las campañas electorales (distinto en función de la legislación en cada país). Aunque siendo estrictos en la interpretación temporal del término, la precampaña abarcaría el período comprendido desde la convocatoria de unos comicios hasta la celebración de los mismos. En un contexto político se entiende que la precampaña sería el tiempo en el que partidos políticos y candidatos preparan la campaña electoral y donde se pueden llegar a dar procesos de selección de líderes en el seno de los partidos políticos.
Al no encontrar una regulación ni del tiempo de la precampaña ni de los espacios que ocupan los distintos competidores, a diferencia de las campañas electorales, en una precampaña no necesariamente se podrían garantizar las condiciones de competencia en la que se legisla para que las diferentes formaciones o candidatos que se presenten lo hagan en las mismas condiciones e igualdad de oportunidades para acceder al electorado (Nohlen, 2004). En este sentido, adquiere gran protagonismo la interpretación que alude a que una de las grandes diferencias que se aprecian entre campaña electoral y precampaña es que tienen objetivos y públicos distintos. En el caso de la campaña electoral los esfuerzos estarían destinados a un apoyo electoral que es inminente y en este sentido la segmentación del electorado ayuda a dirigir la campaña a distintos públicos mientras que en el caso de la precampaña su estrategia sería la de informar a toda la ciudadanía para ganarse su confianza y simpatía siendo dicho proceso más complejo, extenso y costoso. De este modo, tanto colectivos como individuos utilizarían los distintos tiempos para actuaciones diferentes, siendo complemento la una de la otra.
En la actualidad tanto las campañas electorales como las precampañas han adquirido tal envergadura, debido a que los nuevos instrumentos de organización, el marketing, las nuevas técnicas de comunicación y de persuasión, que parecen escapar a las legislaciones que las rigen en cada uno de los países en los que se desarrollan (Vallés y Bosch, 1997). Además, con los ciclos de comunicación constantes parece que tanto partidos políticos, candidatos, electorado y opinión pública están inmersos en lo que se ha denominado campaña permanente, donde el período de una precampaña parece extenderse desde una campaña electoral hasta otra.
En este sentido, una precampaña se ha constituido como una campaña perpetua en las que tanto los que ostentan el poder como los que no establecen estrategias continuas para gozar de la simpatía de los ciudadanos.
Así, la precampaña en la práctica se ha convertido en parte de lo que en sentido laxo se conoce como campaña electoral (Semtko, 1996).