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Operador político

Se define operador político como un negociador con amplia experiencia políti­ca para establecer acuerdos, cabildear inte­reses y participar en las campañas políticas mediante la movilización de ciudadanos para obtener votos. Existen diversas acep­ciones para el término que involucra a un agente que actúa como intermediario, que en la literatura contemporánea recibe el nombre de broker, gestor de beneficios u obras sociales para los ciudadanos a cam­bio de obtener su lealtad política o estable­cer una red de legitimidad. Pero también se da un intercambio simbólico entre los operadores políticos y los ciudadanos que actúan a favor del partido político que los convoca; por gratitud, solidaridad e iden­tidad partidiaria.

Dada la amplia gama de intervención que tiene en la vida política este agente, consi­derado operador político por las activida­des que desarrolla; el objetivo de este aná­lisis al concepto es presentar un estudio pormenorizado que permita contar con una mayor claridad conceptual sobre este tema. Sobra decir que las investigaciones y estudios son escasos por la propia natura­leza del trabajo que desempeñan, en la frontera de la legalidad. Los operadores no necesariamente militan dentro del mismo partido para el cual trabajan. El objetivo fundamental de un agente externo al par­tido o al gobierno; que opera a favor de ellos es garantizar el acuerdo de las partes y distribuir los beneficios económicos y po­líticos.

Son varias y no siempre coincidentes las concepciones que se tienen del operador político, sobre todo en las democracias incipientes de América Latina; donde his­tóricamente el papel de intermediario se ha relacionado directamente con la com­pra del voto y la lealtad de los políticos; también llamado clientelismo. Sin embar­go, en un análisis más profundo y crítico del tema; podemos señalar que no sólo se realiza un proceso de transacción, sino también de distribución de recursos inma­teriales y privilegios en caso de ganar la contienda electoral. Muchos cargos públi­cos se obtienen por esta vía, derivado de la participación en convocar a ciudadanos de manera corporativa a votar el día de las elecciones.

El vocablo: operador político, está relacio­nado con múltiples acciones que se reali­zan en el ámbito gubernamental, pero se pueden apreciar particularmente tres cate­gorías para obtener una explicación más precisa y rigurosa. La primera se refiere al papel que tienen los consultores, agentes políticos y miembros de los partidos polí­ticos que son contratados para actuar en una elección para obtener votos, mediante la movilización, logran reclutar promoto­res, simpatizantes y garantizar el triunfo de un partido político en una elección especí­fica. La segunda categoría del concepto operador político se refiere a los líderes sociales, políticos e incluso religiosos que en América Latina conforman una red de seguidores, simpatizantes e incluso mili­tantes de los partidos políticos que buscan recibir beneficios de su participación po­lítica, obtener privilegios, no sólo en las elecciones sino también en la tarea de sos­tener un gobierno y garantizar la legitimi­dad de sus acciones.

Una tercera categoría de los operadores políticos está en el lobbying, el cabildeo y la negociación que se realiza entre los diversos grupos de interés. Por ejemplo, para aprobar una reforma electoral en la legislatura o congreso; es necesario obte­ner votos para su aprobación. Los opera­dores políticos, intermediarios de los grupos de poder son aquellos que logran negociar y buscar el equilibrio en las pro­puestas. También pueden ser los cabilde­ros que actúan dentro de los congresos y legislaturas para beneficiar a grupos em­presariales mediante leyes y reformar, impuestos y subsidios.

Desde la década de los cincuentas se ha tocado el papel de los operadores políticos en los análisis electorales, que vinculan de manera directa a estos agentes electorales con el clientelismo y la compra de voto; que podría llevar a un análisis simplista del fenómeno que en realidad resulta más complejo y digno de un estudio más pro­fundo. Siguiendo la categorización, descri­ta anteriormente sobre los tres tipos de operadores políticos que existen, aunque no cierra la posibilidad de que haya más figuras, se analizará en principio el térmi­no de operador político desde la perspecti­va teórica para después desglosar cada una de las categorías construidas para la com­prensión de este vocablo, sui géneris y que la Real Academia Española todavía no contempla.

En estas dimensiones, donde existe actual­mente una amplia competencia electoral, mecanismos innovadores para captar el voto de los electores y formas para coaccio­nar su voluntad y simpatía política, avan­zar en torno a su comprensión es meritorio y significativo. Para ello se realizará una clasificación con base en la literatura espe­cializada y los estudios existentes. Enten­der la connotación en la cual se desarrolla el concepto es fundamental, sobre todo porque está arraigado a las débiles demo­cracias.

Operador político en las elecciones

Un operador político trabaja dentro de las campañas electorales como un gestor de votos, es decir tiene metas por distritos electorales, circunscripción territorial o por localidades. Su papel dentro de la cam­paña política se basa en alcanzar cifras y porcentajes de votación; mediante simpa­tizantes y seguidores que promueven el voto. Todo esto mediante una estructura política clientelar y vinculada con intereses para los electores; porque se basa en la teoría racional de los individuos que pos­tula intereses para su actuación. De este modo, ofrecen los operadores políticos bienes materiales y simbólicos a cambio de sus votos y de establecer la lealtad como mecanismo para evitar la traición.

Otro mecanismo que sirve como incentivo para los electores, son las promesas que ofrece un intermediario de esta naturaleza (Gay, 1998). En América Latina se pro­meten calles, reformas a la ley, tolerancia al ambulantaje y otro tipo de canonjías que no son precisamente dinero; sino favores y lealtad.

El operador político está en las campañas electorales para legisladores, presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la República, dentro del Cuarto de gue­rra (War room) planeando las estrategias que le permitan obtener el mayor número de afiliados, votos y simpatías por el can­didato. Para obtener los votos, es decir, la lealtad política de los ciudadanos o actores clave en la toma de decisiones, el operador político se vale de dos figuras imprescindi­bles: los promotores y los promovidos. Los primeros se refieren a las personas que motivan a los electores para que voten por el candidato propuesto. Su tarea es con­vencer a los electores, son los encargados de ir puerta por puerta, en todas las vivien­das de la sección electoral que le corres­ponde, hacer promoción verbal, dejar al­gún folleto y ganar simpatizantes a una causa; y lograr por supuesto la victoria electoral a través de promovidos; como se les llama a quienes serán convencidos de participar y dar su voto a favor. El día de la elección los promotores son los encargados de llevar a los simpatizantes a votar, a par­tir de estimularlos con un desayuno u ofrecer el servicio de transporte para las urnas (Ugalde y Rivera, 2014). También suelen recibir programas sociales, apoyos y becas.

Existen dos momentos específicos donde opera un operador político: en la campaña electoral y el día de la elección. A partir de un minucioso seguimiento de las secciones electorales, se realiza un estimado de los votos a obtener, jugando con estas cifras y promoviendo todo el mayor número de electores.

Por tanto en la estructura de la organiza­ción de la campaña electoral, está primero el operador político, posteriormente los promotores y al final los promovidos. Así se garantiza un trabajo electoral con metas en el número de votos que se desean obte­ner en una contienda electoral; aunque por supuesto no existe un dato claro sobre el número de votantes convencidos que votan; ya que pueden no asistir a las urnas o emitir su voto a favor de otro candidato. Sin embargo la incidencia en la elección está garantizada por el número de promo­tores y promovidos, en una estructura pi­ramidal que puede contar con una lista de seguidores.

En este trabajo que se realiza para la obten­ción de votos, se suscitan verdaderas lu­chas para convencer a los líderes de las or­ganizaciones, grupos de poder y organizaciones. El tejido social y la red de ciudadanos siempre opera a partir de es­quemas de liderazgo; por ello los opera­dores políticos tendrán que convencer también a sus líderes y un mecanismo para ello es a través de canonjías, prebendas, dinero en efectivo, beneficios sociales a las localidades como pavimentación o servi­cios públicos; detonando con ello prácticas clientelares y de control político entre los ciudadanos. Pero también existen relacio­nes afectivas, de amistad y compadrazgo entre los vecinos que integran esta red ba­sada en la camaradería. La simpatía políti­ca por un partido está basada también en redes familiares.

Operador político y gestor de servicios públicos

La estructura de operación in situ, de un operador político está en las colonias y barrios pobres. Un operador político es necesario para garantizar la gobernabili­dad; por ello se tienen un gran ejército de operadores en todo el país, estado o muni­cipio. Una vez que se logra obtener el po­der mediante las elecciones, los operadores políticos no descansan, tienen ahora otra tarea: obtener simpatizantes, seguidores y grupos de apoyo para el político en el po­der. Por tanto, el bróker, mediador y ope­rador se convierte ahora en gestor de bene­ficios sociales (Auyero, 1997).

Sin embargo no sólo es un intercambio de simpatía política por beneficios materiales, sino también existe un intercambio sim­bólico entre los ciudadanos y los operado­res políticos; porque sirven como media­dores entre el los políticos y los ciudadanos. Hernández (2006), describe la relación entre ciudadanos e intermediarios como más allá del simple regalo o prebenda. Los ciudadanos que son considerados un ejér­cito de reserva para las elecciones siguien­tes o como grupo de presión que puede cerrar calles o realizar manifestaciones a favor o en contra de las iniciativas políti­cas, según se requiera, tienen gratitud y se muestran complacidos por el apoyo que reciben; ya sea despensas, empleo, espectá­culos de diversión y todo tipo de servicios. Opera en la relación de ciudadanos y ope­radores políticos un vínculo afectivo, sen­timientos y mecanismos simbólicos como la pertenencia y la identidad que aprecian los ciudadanos.

El relato de los ciudadanos que reciben algunos beneficios a cambio de empadro­narse dentro del partido político o partici­par en mítines y marchas de apoyo es significativo, de adhesión y corresponden­cia (Stokes et. al., 2010). Esto significa que no existe presión o coacción, necesaria­mente. Aunque también puede darse la amenaza y el control a través de sanciones como mecanismo para obtener seguidores.

Aunque regularmente los operadores polí­ticos pertenecen a un partido político, también existen aquellos que actúan como profesionales por contrato. Es decir, que pueden operar a favor de cualquier partido político o causa política, para la cual sean contratados, carecen de principios ideoló­gicos. Este tipo de relación es utilitaria y basada en la racionalidad política, como un mecanismo de filiación entre los miem­bros de un grupo político o simpatizantes que actúan a favor de un candidato o polí­tico en el poder (Aspinall, 2014).

Szwarcberg (2015), rescata en su estudio la relación que existe entre los seguidores y su interés monetario, económico o político, fuera de todo criterio político o ideológi­co. Este tipo de relación compleja entre los operadores políticos y los ciudadanos be­neficiados de manera periódica o perma­nente, advierte el clientelismo como meca­nismo de control por una parte; pero por otra la racionalidad de los electores que buscan una utilidad de su conducta o sim­patía política.

Operadores politicos, lobbying y cabildeo

Aprobar leyes dentro del Congreso tanto en Estados Unidos como en todo Ibe­roamérica, requiere de cabilderos, operado­res políticos que logren establecer acuerdos entre grupos parlamentarios y por supuesto grupos políticos, sindicatos, organizacio­nes, empresarios y otros. En ese sentido, un operador político no tiene precisamente un partido político, sino un encargo o manda­to que debe cumplir: integrar a las partes, conocer sus demandas y cumplir sus expec­tativas. Intercambiar favores es una regla de este tipo de relación política que se estable­ce. Las comisiones dentro del Congreso actúan siempre mediante operadores polí­ticos en la búsqueda de mayor presupuesto, mismo que utilizarán para impulsar a sus candidatos en las próximas contiendas electorales. La fortaleza del poder político está también en sus mecanismos de control ejercidos por los operadores políticos, en­cargados de promover, controlar e incluso atacar a políticos contrincantes. Los me­dios de comunicación son la principal arma que tienen los operadores, mediante la delación, revelación de secretos y denun­cias que pueden afectar a otros. Es un inter­mediario que puede fungir también dentro del terreno electoral para la distribución del poder, pero en otra escala; distinto al que busca votos ciudadanos. Este tipo de ope­rador político va tras votos de grupos par­lamentarios o bandadas partidistas para lograr modificaciones en las leyes.

Dado el sistema meritorio que opera en los partidos políticos, los operadores políticos suelen ser miembros en ascenso; sometidos y dependen de las victorias electorales para crecer.

Bibliografía/s

  • Hagene, T. (2015): «Political clientelism in México: bridging the gap between citizens and the state». Latin American Politics & Society, 57 (1): 139-162.
  • Holland, A. C. y Palmer-Rubin, B. (2015): «Beyond the machine: cliente­list brokers and interest organizations in latin America». Comparative political studies, 48 (9): 1186-1123.