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Libertad de prensa

Es el derecho de toda persona a expresar y transmitir ideas, opiniones y creencias a través de procesos de comunicación que emplean «medios de comunicación de masas», como son los periódicos, la televisión, el cine, la radio o internet. Estos se caracterizan por alcanzar simultáneamente a una gran audiencia, diferenciándose así de «medios de comunicación interpersonales» como el teléfono.

La libertad de prensa es un derecho que deriva de la libertad de expresión. En las sociedades contemporáneas se convierte en la forma principal por la que esta se manifiesta y desarrolla. Por lo tanto, es igualmente un derecho propio de las democracias liberales, protegido a través de su ordenamiento jurídico. El Estado no solo tiene la obligación de respetarla, sino que debe hacerla efectiva y garantizarla, previniendo, investigando, sancionando y reparando todo acto que la vulnere.

Es un derecho básico para el funcionamiento de las democracias liberales, al estar la actividad política totalmente mediatizada por los medios de comunicación. A través de ellos los políticos transmiten a los votantes sus propuestas, decisiones y puntos de vista, constituyendo el principal mecanismo de que dispone la población para seguir su actividad. Asimismo, tienen una gran capacidad de influir y configurar la opinión pública.

Historia del concepto

El surgimiento de los medios de comunicación es la historia del desarrollo de la censura. Aunque hayan existido formas de impresión y prensa en diferentes épocas, la libertad de prensa –y la censura– cobran importancia una vez que la estructura tecnológica posibilita formas de comunicación en masa. Esa función es la de la prensa escrita desde el siglo XV hasta el XIX.

Desde el inicio de la imprenta moderna a través de la invención de los tipos móviles por Gutenberg, la producción de textos, libros y periódicos se multiplica y extiende por Europa: folletos informativos a mediados del siglo XV, publicaciones periódicas de noticias en la segunda mitad del siglo xvi, hasta aparecer semanalmente periódicos de noticias a principios del siglo XVII (Thompson, 1998:95). La rapidez a la que ya podían circular textos críticos y disidentes tanto con la Iglesia como con el Estado, hizo que se tuviera que generar todo un aparato institucional de censura. En 1559, la Iglesia Católica llegó a compilar el Index Librorum Prohibitorum, compuesto por toda una lista –revisada y actualizada continuamente– de libros cuya publicación quedaba prohibida. Igualmente, en 1557, la Stationers Company, por decreto real de la Corona inglesa, pasó a ostentar el monopolio sobre la industria editorial, estableciendo formas de censura que serían el origen del copyright.

Si bien la supresión de la censura institucional no se produjo de manera uniforme, la Inglaterra del siglo XVI sería el primer lugar donde se eliminara por primera vez, aunque durante los siglos siguientes la prensa continuaría controlada y censurada de varias maneras (Thompson, 1998:99). En 1640, la institución de la Corona inglesa encargada de regular la censura de la prensa y de los libros (la Star Chamber), fue eliminada por el Parlamento inglés. Inmediatamente se multiplicaron los panfletos y publicaciones de carácter polémico en un contexto de radicalización política. El Parlamento reaccionó reintroduciendo la censura al promulgar el Licensing Act (1643), por el que preservaría el control sobre las publicaciones que hasta el momento había ostentado la Corona. En 1695, la renovación del Licensing Act fue rechaza por los Comunes, produciéndose una «explosión de publicaciones periódicas» (Thompson, 1998:98). Se marcaba así el comienzo de un periodo de tolerancia y libertad.

La aprobación del Licensing Act motivó la publicación de «Areopagítica» en 1643 por John Milton. En la obra expresaba que

«vale casi lo mismo matar a un hombre que matar un buen libro» (Milton, 2009:23).

La publicación de Milton pasó a la historia como la primera defensa pública de la libertad de prensa.

Tras las revoluciones liberales, la libertad de prensa se convertirá en un derecho fundacional de las constituciones liberales. Será en la Declaración de Virginia de 1776 donde quede recogida por vez primera: «que la libertad de prensa es uno de los grande baluartes de la libertad y no puede ser restringida jamás» (XII). Unos años más tarde, pasará a formar parte de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (Artículo 11) aprobada en 1789 por la Asamblea Nacional Constituyente francesa y de la Primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos (Bill of Rights) adoptada en 1791.

Críticas

En las democracias liberales, los medios de comunicación «sirven para movilizar el apoyo en favor de los intereses especiales que dominan la actividad estatal y privada» (Chomsky y Herman, 2009:11). Funcionan con carácter empresarial y se distribuyen y regulan a través del mercado y la lógica de la propiedad privada, ocasionando que un número relativamente reducido de empresas controle la mayoría de medios. Los intereses de los medios suelen trascender sus intereses meramente periodísticos al alinearse con posturas y decisiones tanto políticas como económicas, creando una fuerte relación entre la concentración de poder y la concentración de medios de comunicación (Castells, 2011:74).

Frente a los métodos de censura oficial de Estados no democráticos, la censura mediática en las sociedades democráticas se produce a través de procesos informales, que adoptan múltiples técnicas: la omisión, como forma de excluir el conjunto o partes de una noticia; la forma en que se enmarca la noticia, cómo se plantea, cómo se trata y cómo se presenta; la falta de objetividad o la excesiva arbitrariedad cuando, por ejemplo, se trata de contrastar información o mostrar las diversas opiniones; el trato simple o repetitivo de una noticia con el objetivo de silenciar otras; dar prioridad a unos acontecimientos sobre otros; etc. El empleo deliberado de estos mecanismos resulta en la exclusión de cualquier disidencia fundamental (aunque se pueda permitir en la prensa marginal), generando procesos de censura que incluso lleguen a ser más efectivos que aquellos de censura institucional (Chomsky y Herman, 2009:18).

La irrupción de Internet

La penetración creciente de internet y de tecnologías 2.0 (smartphones, redes sociales digitales, servicios de alojamiento de vídeos, etc) en nuestras sociedades está transformando por completo las posibilidades de comunicación contemporáneas. Por un lado surgen nuevos canales y medios desde los que emitir, difundir y recibir información y mensajes. Por otro, la comunicación se organiza de manera distribuida, frente a las formas centralizadas y descentralizadas de modelos tradicionales. El resultado es tanto la extensión de los espacios desde los que establecer comunicaciones, como la ampliación de los sectores y grupos con acceso a dichas tecnologías.

La característica principal de los nuevos medios de comunicación consiste en permitir que las audiencias y los consumidores de noticias ejerzan una función más activa que en los medios tradicionales, pasando a realizar labores de producción y distribución mediática. Surge así una nueva forma de comunicación: la «autocomunicación de masas» (Castells, 2011). Su principal elemento es que el nuevo contexto mediático permite que los mensajes producidos por cualquier persona –en sus múltiples formas– cuenten con la potencialidad de alcanzar a una audiencia global, pudiendo incluso seleccionar a los posibles receptores (Castells, 2011:55). Asimismo, su difusión ya no depende de los intereses de terceras personas o grupos (empresariales, mediáticos, políticos, etc), sino del impacto e interés que generen en los receptores del mensaje, que serán los encargados de difundirlos utilizando a su vez tecnologías 2.0. Los usos actuales de los nuevos medios (principalmente durante protestas políticas como las revueltas árabes o los movimientos 15M u Occupy Wallstreet) evidencian el surgimiento de una nueva forma de periodismo denominada «periodismo de base», «periodismo ciudadano» o «periodismo 2.0».

Aunque estas formas de periodismo amplíen las posibilidades de comunicación, no significa que a través de ellas se pueda ejercer la libertad de prensa sin límite alguno. Toda la información que una persona transmite a través de internet o cualquier tecnología 2.0, pasa a formar parte de la huella digital del usuario. La facilidad con que dicha información es tanto almacenada (quedando guardada para el futuro y pudiendo ser utiliza retrospectivamente), como interrelacionada con otros datos (redes de personas con las que se ha establecido comunicación en los últimos tiempos o localizador de lugares a través del GPS del móvil), hace que se incrementen las posibilidades de identificar, vigilar, controlar y reprimir a los usuarios.

En la red se multiplican las formas y medios técnicos desde los que ejercer la censura. Empresas como Gamma (Reino Unido y Alemania), Trovicor (Alemania), Hacking Team (Italia), Amesys (Francia) y Blue Coat (Estados Unidos), señaladas por Reporteros Sin Fronteras como las principales corporaciones enemigas de internet, producen tecnología punta para el control, vigilancia y censura de internet. La diversidad y continuo desarrollo de los métodos empleados, la dificultad para detectarlos, junto a la opacidad que existe al respecto, deja a los usuarios en situación de desinformación y vulnerabilidad, al no conocer con exactitud la repercusión que pueden tener sus acciones en la red.

Bibliografía/s

  • Castells, M. (2011): Communication Power. Nueva York: Oxford.
  • Chomsky, N. y Herman, E. (2009): Los guardianes de la libertad: propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación. Barcelona: Biblioteca de Bolsillo.
  • Milton, J. (2009): Areopagítica. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Thompson, B. (1998): Los media y la modernidad: una teoría de los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.