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Libertad de expresión

Es el derecho de toda persona a manifestar pensamientos, ideas, preferencias, opiniones y creencias. Puede ser expresado públicamente a través de cualquier canal y medio de comunicación (oral, escrito, a través de lenguaje simbólico; prensa, redes digitales, etc), tanto de manera individual como colectiva, sin importar si la finalidad es emitir, buscar, intercambiar, difundir o recibir información.

Es una libertad propia de las democracias liberales, que la protegen en forma de derecho a través de su ordenamiento jurídico. El Estado no solo tiene la obligación de respetarla, sino de hacerla efectiva y garantizarla, previniendo, sancionando y reparando todo acto que la vulnere.

La libertad de expresión es básica para el mantenimiento de la democracia en las sociedades liberales contemporáneas. Las personas y comunidades la emplean para construir socialmente tanto su identidad individual como colectiva. Para el buen funcionamiento de los sistemas políticos democráticos, el Estado debe asegurar el respeto a la pluralidad ideológica de los distintos actores políticos que concurren por el poder institucional.

Límites

Lejos de ser un concepto unánimemente aceptado ha sido objeto de apasionados debates en la teoría y la práctica políticas, llegando a motivar batallas judiciales e incluso diplomáticas. La controversia ha girado principalmente en torno a los límites de la libertad de expresión, al tratarse de un derecho que no es absoluto. Por lo general se limita en los casos en los que entra en conflicto con otros derechos, como el derecho al honor, la intimidad personal, la protección de la salud o de la moral, para garantizar la autoridad, etc. Existen discrepancias sobre cómo se debe jerarquizar el derecho a la libertad de expresión sobre otros derechos cuando se producen enfrentamientos entre ambos (por ejemplo, cuando al amparo de la libertad de expresión se manifiestan incitaciones al odio). Aun así, cabe señalar que la libertad de expresión tiene un estatuto superior a los demás derechos porque sin él los demás derechos son inexistentes en la práctica, ya que no puede denunciarse su posible violación.

En muchas ocasiones, los límites a la libertad de expresión pueden adquirir un carácter explícitamente político y son utilizados como mecanismos de censura. Principalmente cuando se trata de situaciones de cierta complejidad política que pueden alterar las relaciones de poder dominantes, como son los casos de seguridad nacional, integridad territorial, seguridad pública, defensa del orden, etc; o ante movimientos políticos críticos por los más diversos motivos. Cuando en Estados Unidos, a mediados del siglo xx, se intentaba restringir la libertad de expresión del movimiento de los derechos civiles bajo el argumento de que el orden público se veía quebrantado, estas alegaciones, viciadas por políticas racistas, lo que pretendían era mantener un orden público que preservaba la segregación racial, y no simplemente proteger el orden público (Fiss, 1999:17).

Historia del concepto

El concepto de libertad de expresión  tiene sus raíces en las revoluciones liberales del siglo XVIII. Frente a los estados absolutistas con completo dominio sobre las relaciones y estructuras políticas, económicas, jurídicas y sociales, la libertad de expresión se convirtió en un elemento fundamental tanto en las luchas contra el antiguo régimen como en la configuración de las nuevas democracias liberales. La burguesía liberal la empleó inicialmente con el fin de limitar, controlar y protegerse del poder del estado, para posteriormente convertirla en uno de sus principales principios constituyentes. La libertad de expresión quedará recogida en algunas de los primeros textos liberales, como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (Artículo 10) aprobada en 1789 por la Asamblea Nacional Constituyente francesa o la Primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos (Bill of Rights) adoptada en 1791.

Si bien han sido muchos los filósofos que a lo largo de la historia han reflexionado en torno a la cuestión de la libertad de expresión, a continuación destacamos algunos que ejercieron una mayor influencia en su época: John Milton sería el primero en realizar su defensa pública en su Areopagitica en 1644. Motivado por la reintroducción en Inglaterra de un sistema de censura previo a la publicación (el Licensing Act de 1643), Milton reivindicó la libertad de expresión desde la perspectiva de la libertad de imprenta.

«Dadme la libertad de saber, hablar y discutir libremente de acuerdo con mi conciencia, sobre todas las libertades.» (Milton, 2009:94).

John Locke, en su obra«Carta sobre la Tolerancia» (una serie de cartas publicadas entre 1689 y 1690), plantearía que la paz social solo se alcanza por medio de la tolerancia hacia las distintas prácticas religiosas. Así, la coexistencia de distintos grupos religiosos sería síntoma de armonía social y no de conflicto, aunque grupos como los ateos o los católicos no debían disfrutar de dichos derechos.

Baruch Spinoza, a lo largo del siglo XVII, ya había planteado que el Estado, como ente único e independiente de las estructuras religiosas, garantiza la libertad de pensamiento y expresión a todas las personas. Solo así podrá mantener sus funciones, lograr la obediencia de la población y conseguir un desarrollo armónico de la sociedad.

«Se demuestra que en un Estado libre está permitido que cada uno piense lo que quiere y diga lo que piense» (Spinoza, 1997:408).

Por último, cabe señalar la aportación de John Stuart Mill, para quien la política, el derecho o el progreso científico requerían de libertad para poder debatir y expresar ideas y opiniones (Sanders, 2003). Su obra «Sobre la libertad» (1859) se fundamenta en principios como que la verdad expulsa a la falsedad, por lo que no hay nada que temer de la libre expresión de ideas, aunque sean falsas (Sanders, 2003).

Críticas

El concepto de libertad de expresión ha sido criticado por la función social que desempeña en las sociedades neoliberales contemporáneas. A medida que se ha asentado el Estado liberal, la vinculación entre libertad de expresión y crítica política se ha diluido en parte, abriéndose un proceso de restricción de la libertad de expresión, protagonizado por la misma clase que en su día fuera su gran defensora (Berdugo, 1987: 64). La libertad de expresión ha quedado ligada a la libertad de prensa, y por lo tanto a los medios de comunicación, que se convierten así en el principal medio desde el que ejercerla. Las barreras que tiene la población para acceder a dichos medios son inmensas y de diversos tipos (económicas, culturales, étnicas, de género, etc), al tratarse de grandes empresas vinculas a fuertes núcleos de poder que no requieren de la participación de la población más que como audiencia. Desde esta perspectiva, el derecho a la libertad de expresión ha quedado reducido a una libertad meramente formal.

La irrupción de internet

La irrupción en nuestras sociedades de internet y de tecnologías 2.0 (Redes sociales digitales, wikis, microblogging, etc), han transformado por completo las condiciones sociales sobre las que se articulaba la libertad de expresión. Estas tecnologías han generando nuevas estructuras de comunicación mediante las que expresar ideas y opiniones, posibilitando su acceso a amplios sectores de la población. Se ha considerado por lo general que los nuevos medios facilitan el ejercicio de la libertad de expresión. Muestra de ello son las protestas que hemos visto desarrollarse en todo el mundo durante los últimos años, como las revueltas árabes o los movimientos 15M u Occupy Wallstreet, donde internet y las aplicaciones 2.0 se convirtieron para los activistas en canales fundamentales de expresión.

Pero el sueño de la red como ágora virtual ha demostrado tener sus limitaciones. La brecha digital refleja que los nuevos canales y medios, aunque en múltiples casos hayan empoderado a grupos desfavorecidos socialmente, siguen siendo inaccesibles a amplios sectores de la población. Los grupos que ya se encontraban en una situación socialmente desfavorecida, son los mismos que encuentran mayores barreras de acceso a los nuevos canales y medios. Aunque se hagan esfuerzos para reducir la brecha digital, hasta el momento el nuevo contexto estaría principalmente reproduciendo desigualdades previas, ofreciendo mayores posibilidades de comunicación a los grupos que previamente ya contaban con mayor capacidad para ejercer la palabra.

Además, los debates y conflictos en torno a los límites de libertad de expresión no solo no desaparecen en la red, sino que se reproducen y amplían. Por un lado, observamos como se ha convertido en un fructífero canal para el desarrollo de discursos de odio que vulneran derechos y libertades fundamentales. Por otro, a los intentos de los gobiernos por legislar la red, se les suele considerar como formas de establecer mayor control y vigilancia sobre la población. Así la lucha contra el terrorismo o contra la pornografía infantil suelen ser vistos por la población más como intentos de legalizar mecanismos de control y vigilancia que como formas de protegerles contra la vulneración de sus derechos.

Bibliografía/s

  • Berdugo, I. (1987): Honor y libertad de expresión. Madrid: Tecnos, D.L.
  • Fiss, O. (1999): La ironía de la libertad de expresión. Barcelona: Gedisa.
  • Milton, J. (2009): Areopagítica. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Sanders, K. (2003): Ethics and journalism. Londres: Sage.
  • Spinoza, B. (1997): Tratado teológico-político. Barcelona: Altaya.