El concepto de inoculación en el campo de la comunicación se origina en las teorías psicológicas y se apoya en una analogía biológica. William McGuire acuñó la noción para referirse al modo de ayudar a que una persona se defienda cuando se atacan sus actitudes en el curso de una comunicación persuasiva:
«en la analogía biológica, se vuelve a la persona resistente a algún virus atacante pre-exponiéndola a una dosis debilitada del virus. Esta suave dosis estimula sus defensas de modo que se encontrará en más capacidad de sobreponerse a cualquier ataque viral masivo al que luego se vea expuesta, aunque no debe ser tan fuerte como para que esta pre-exposición cause la enfermedad» (McGuire, 1964: 200).
De ese modo, se persigue promover la resistencia al cambio de las actitudes, adelantando la presentación de contra-argumentos para defender la propia posición, anticipando a la audiencia los posibles ataques que sufrirá un mensaje o un comunicador (García Beaudoux, D’Adamo y Slavinsky, 2005). La inoculación es, entonces, una táctica de comunicación al servicio de la persuasión, que consiste en anticipar a la audiencia los argumentos que contendrán los posibles mensajes contrarios a lo que una fuente comunicará. Al utilizar esta táctica se espera contrarrestar los efectos de esos mensajes opuestos, en tanto las personas no resultarán sorprendidas por ellos, estarán preparadas para recibirlos y se encontrarán «vacunadas» para que esas nuevas argumentaciones no tengan peso ni modifiquen sus actitudes previas (D’Adamo, García Beaudoux y Freidenberg, 2007).
Cuando es utilizada como táctica en una campaña negativa, la inoculación consiste en adelantarse al ataque de un adversario advirtiendo a la audiencia que en cualquier momento el embate sucederá (García Beaudoux, D’Adamo y Slavinsky, 2011). Para implementar esta táctica en ese contexto específico, se requiere anticipar al público que los opositores atacarán y, asimismo, brindarle argumentos de apoyo a la posición atacada y/o los contra-argumentos para poder rebatir la información que recibirán de los oponentes, para que de ese modo al momento de recibirla el embate se minimice o se anule (García Beaudoux, D’Adamo y Slavinsky, 2005). Es una táctica que permite, por ejemplo, preparar a los votantes que favorecen a un candidato para soportar las agresiones y mantener las actitudes positivas hacia él durante y luego de ellas.
En el transcurso de una campaña electoral, la inoculación puede funcionar de tres modos específicos: socavando la potencial influencia de la fuente de los ataques políticos, desviando el contenido concreto del ataque político, o reduciendo la probabilidad de que los ataques influencien la intención de voto del receptor (Pfau y Burgoon, 1988).