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Elocuencia política

La elocuencia es una de las partes de la retórica política, junto a la invención o la disposición. La elocuencia está orientada a buscar la forma más efectiva de expresar el mensaje o el discurso político. En cambio, la disposición está más relacionada con la estructura y las partes que componen el discurso político.

La elocuencia en el discurso político se consigue generalmente con las llamadas figuras retóricas de repetición, las figuras de elocuencia poética o las figuras de polemología retórica y las citas y las referencias alusivas, aunque otros aspectos de la retórica política, como las metáforas, las hipóforas o preguntas, las metonimias, antonomasias, hipérboles, etc. también contribuyen poderosamente a provocar el efecto de persuasión buscado en la audiencia.

Figuras retóricas de repetición

La anáfora implica la repetición de la misma palabra o palabras al comienzo de cada oración o frase. Como hemos señalado, con el uso de este tipo de reiteraciones el orador consigue dotar de ritmo y fluidez al discurso, fijar y centrar en la atención de los oyentes las ideas clave y mantenerlas en la memoria del que lo escucha. También se consigue un gran énfasis en la expresión del orador con el uso de epíforas, epístrofes o conversiones, es decir, de repeticiones de la misma palabra o frase al final de cada oración.

El uso de la conduplicación, que supone comenzar una frase u oración con la palabra o expresiones finales de la frase u oración anterior, permite dotar de una gran continuidad a los discursos políticos. En la mesodiplosis la repetición de la palabra o frase, en este caso, se produce en mitad de varias frases pronunciadas de forma consecutiva.

Otra figura retórica de repetición muy usada en los discursos políticos es el poliptoton, que consiste en la repetición de diferentes formas de un sustantivo en la misma frase (poliptoton nominal) o del mismo verbo conjugado en distintos tiempos verbales (poliptoton verbal).

Figuras retóricas de elocuencia poética

En la retórica política es muy frecuente el uso de sentencias de tres palabras o series de tres frases o, como en el caso de Obama, de tres párrafos paralelos. Desde expresiones como «nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno» o «el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la tierra», acuñadas por Lincoln en el célebre discurso de Gettysburgh, a la aliteración del «sangre, sudor y lágrimas» de Churchill o el «paz, piedad y perdón» evocado por Azaña en sus discursos durante la guerra civil española, el poder de las tríadas añade elocuencia al mensaje electoral. Las series de palabras o frases pueden presentarse también ordenadas lógicamente en forma de gradación.

En general, la repetición de sonidos de determinadas consonantes iniciales a lo largo de toda una oración o frase o párrafo añade elocuencia a la expresión, como en el uso de las aliteraciones.También la omisión de las conjunciones (y, o, ni…) en el discurso, el asíndeton, en ciertos momentos es un recurso útil para acelerar el propio ritmo de la exposición. Por su parte, a diferencia del asíndeton, la repetición o reiteración de conjunciones tiene el efecto de enfatizar algún punto o aspecto y de parecer más exhaustivo en la enumeración que se realiza. Lo más frecuente es el uso continuado y casi pleonástico de las conjunciones copulativas (como «y» o «ni»), aunque también es habitual el uso de otras conjunciones («como») para desarrollar comparaciones múltiples.

Figuras de polemología retórica

El contraste o antítesis usado en un discurso surte un efecto de eco que surge de la contraposición de dos frases o ideas contradictorias entre sí. Un buen ejemplo es la clásica fórmula kennediana de «pregunta no lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país». Las parejas de antónimos y opuestos son también muy frecuentes en la comunicación política, ya que se trata de un instrumento muy adecuado para lo que Murray Edelman denomina «la construcción del enemigo» al dicotomizar pares contrarios de rasgos de los adversarios electorales. Finalmente, la procatalepsis consiste en plantear una objeción o una crítica y responder exponiendo los contraargumentos que llevan a rechazar dicha objeción o crítica.

Referencias alusivas

El uso de referencias literarias ha sido casi consustancial a la retórica política y casi todos los grandes oradores recurren a ellas esporádicamente en sus intervenciones públicas. Por ejemplo, King en su clásico «Tengo un sueño» aludía al arranque del Ricardo III de Shakespeare («Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.»), Obama en su discurso sobre la raza aludió a Faulkner («El pasado no está muerto y enterrado. En realidad, ni siquiera es pasado.»); John Kerry citaba al poeta Langston Hughes en uno de sus eslóganes de campaña y en sus intervenciones («Dejad que América sea América de nuevo. Dejad que sea el sueño que solía ser…»), etc.

Usando citas de grandes líderes o iconos políticos con los que se identifica la audiencia el orador suele conseguir una mayor conexión emocional con sus partidarios, y que pueden consultarse en las numerosas recopilaciones de discursos políticos existentes o libros de citas de líderes (Copeland, 1999; Green, 2002; Waldman, 2003; Fernández Campo, 2003; Safire, 2004; Clark, 2005; Olive, 2008). Así, por ejemplo, Obama recurre, usualmente, a sentencias de Lincoln: («El carácter es como un árbol y la reputación es como su sombra. La sombra es lo que pensamos de ello; el árbol es lo que es de verdad.»), de Luther King (expresiones como «la furiosa urgencia del ahora», «el arco del universo moral es largo, pero se curva hacia el lado de la justicia», «la unidad es la verdadera necesidad del momento») o de Robert Kennedy («pequeñas olas de esperanza por todo el mundo») para producir este efecto en su audiencia.

En América es frecuente el uso de referencias religiosas, incluso en líderes izquierdistas como Hugo Chávez o Daniel Ortega. También en Estados Unidos los discursos suelen estar trufados de alusiones bíblicas que consiguen obtener un notable eco en los oyentes, ya que muchos de ellos están familiarizados con este lenguaje. Uno de los ejemplos clásicos es el uso de distintas citas bíblicas en el discurso «Tengo un sueño» de Martin Luther King: el salmo 30:5 («llegó como un precioso amanecer para terminar una larga noche de cautiverio»); de Amós 5:24 («hasta que la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente.») o de Isaías 40:4 («sueño que algún día los valles serán cumbres…»).

Bibliografía/s

  • Dowis, R. (2000): The Lost Art of the Great Speech. How to Write One, How to Deliver it. Nueva York: Amacom.
  • Humes, J. C. (2002): Speak Like Churchill, Stand Like Lincoln: 21 Powerful Secrets of History’s Greatest Speakers. Nueva York: Three Rivers Press.
  • Leanne, S. (2009): Say It Like Obama. The Power of Speaking with Purpose and Vision. Nueva York: McGraw Hill.
  • Lehrman, R. (2010):The Political Speechwriter’s Companion: A Guide for Writers and Speakers. Washington, D.C: CQ Press.
  • Leith, S. (2011): ¿Me hablas a mí? La retórica de Aristóteles a Obama. Madrid: Taurus.
  • Nelson, M. y Riley, R. L. (2010):The President’s Words: Speeches and Speechwriting in the Modern White House. Lawrence: University Press of Kansas.
  • Noonan, P. (1998): On Speaking Well. Nueva York: Harper Collins.