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Crowdsourcing

Canalizar la voluntad de ciertas personas para innovar, resolver problemas y compartir las soluciones con la comunidad es el rasgo fundamental del crowdsourcing. Constituyendo una colaboración que distribuye las tareas de un proyecto entre los miembros de una comunidad indefinida mediante una convocatoria abierta, las prácticas crowd no externalizan en una organización formal impermeable. Al contrario y generando un modelo relacional amplio y complejo, implican un modelo productivo distribuido y orientado a resolver problemas mediante la inteligencia colectiva de comunidades grassroots online. En el ámbito privado, los productos y/o servicios de hoy incorporan, necesariamente, la inteligencia de las multitudes. En el ámbito público, como forma de colaboración abierta y distribuida adoptada por ciertos actores políticos, desde partidos políticos e instituciones hasta grupos de interés o presión, pasando por movimientos sociales o líderes políticos, las prácticas crowd implican la externalización de funciones a una comunidad que incorpora la óptica de la multitud. Mediante una convocatoria flexible dirigida a un grupo indeterminado mediante la Web 2.0, el crowdsourcer público capta talento externo para innovar en la resolución de problemas de complejidad y modularidad variable a cambio de un beneficio mutuo. Este crowdsourcing público puede analizarse en base a tres ejes: los problemas que trata de resolver y los retos que afronta, el paradigma que lo hace viable y las herramientas que soportan su funcionamiento.

Problemas y retos crowsourcing

El zeitgeist de las actuales democracias representativas ha configurado un ecosistema político que, impregnado de desafección política y abstención, tiende hacia una democracia de baja intensidad en la que lo político es problema y no solución. Esta fractura exige recuperar el sentido transformador, igualitario y participativo de la democracia y el ethos de la Política como acción orientada a transformar la realidad construyendo entre todos un futuro inclusivo para todos.

Ante este problema, el reto consiste en socializar el arte de gobernar en sus tres dimensiones básicas: estructuras institucionales [polities], decisiones y resultados [policies] y regulación de los conflictos de intereses [politics]. Desde una narrativa de regeneración política, las multitudes buscan reconstruir la legitimidad de su representación a través de un modelo de interacción política permeable que potencie la legitimidad institucional. Superando el monocentrismo elitista y además de transaccionando votos, las multitudes pretenden establecer relaciones plurales de consenso. Orientada hacia una nueva cultura política, esta Sociedad Red es inclusiva [oportunidades para definir políticas concertadas], igualitaria [a cada posición ha dejado de serle adscrita una persona y a cada persona un lugar y función] y democrática [desbunkerizando los organigramas de las élites políticas]. Las multitudes exigen una política de lo común, construida desde y para una comunidad organizada, en la que, como prosumidor «natural» de acción política, participe generando valor político. Para ello, proyectan un reto futuro basado en el pasado: el ADN crowd ya inspiró la democracia ateniense en la que una asamblea de ciudadanos libres decidía sobre asuntos públicos. Ya entonces, se optó por el gobierno deliberativo de la masa, porque el conjunto de los muchos tenía más virtud, por poca que tuviese cada uno, que el conjunto de los pocos, aunque cada uno tuviera mucha. Hoy, Internet ha aumentado la acción colaborativa de esta virtud comunitaria en forma de inteligencia colectiva distribuida, simbiótica y valorizada en tiempo real. Si la ciudadanía de hoy adopta un rol participativo en lo privado gracias a las TIC, el reto de lo público consiste en canalizar este activo social hacia la participación en los asuntos públicos. Pero, a diferencia del Crowd Business, el crowdsourcing público, además de metabolizar la inteligencia ciudadana para mejorar los servicios públicos, es un instrumento de legitimación democrática porque facilita la participación política en la gestión del procomún. Y ello requiere un paradigma en el que la multitud conectada se integre, como agente activo de cambio, en los procesos deliberativos mediante una gobernanza basada en la transparencia, la colaboración y la participación del Open government.

Paradigma del crowsourcing

Si el siglo XX [de las «masas» parametrizadas por el promedio que las estandariza] consolidó modelos organizativos tendentes al outsourcing como externalización para aprovechar el potencial de la comunidad, el siglo XXI [de las «multitudes» no segmentables y definidas por la varianza que las diversifica] apuesta por modelos en los que, suavizando el perímetro de «lo posible adyacente», los procesos cerrados y controlados desde dentro ya no son requisitos de eficiencia: el aparente caos de las multitudes logra mejores resultados. Colaborando en red y en la Red, las prácticas crowd han modificado las reglas del outsourcing de servicios. En el crowdsourcing de ayer, lo colectivo se limitaba al filtrado y/o agregación de contribuciones individuales. Este paradigma individual resolvía problemas simples mediante modelos operativos basados en una inteligencia individual agregada y en un aprendizaje acumulativo que añadía el nuevo aprendizaje al que ya se tenía, sin que las nuevas incorporaciones revisasen las anteriores [2+2=4].

No obstante, el crowdsourcing de hoy está basado en comunidades que, desde el paradigma del procomún y la generación de innovación continua y abierta, dispone de la inteligencia colectiva como herramienta para solucionar problemas complejos, cuya resolución requiere deliberación y un aprendizaje asociativo que aplica cada nuevo conocimiento a los ya adquiridos [2+2=5]. Se trata de una Sociedad Anónima en la que cada accionista aporta como capital su conocimiento y sus capacidades de aprender y enseñar. Si antes se resolvían problemas simples agregando aportaciones, acciones y opiniones individuales, ahora, una multitud inteligente coordinada mediante tecnologías sociales, desarrolla proyectos complejos generadores de inteligencia colectiva. Para convertir opiniones personales en decisiones colectivas, este paradigma crowd requiere diversidad de opiniones independientes, descentralización y agregación. Con ello, la multitud consigue entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas públicos adaptándose a situaciones cambiantes.

Esta inteligencia es múltiple: analítica [capacidad para planificar, ejecutar y lograr conocimiento], creativa [habilidad fundada en la experiencia para tratar la novedad y automatizar procesos] y práctica [adaptación al mundo real]. Para ello, el crowdsourcing público promueve diferentes modelos de trabajo colaborativo en cada fase de la trazabilidad de un proyecto: ideación [crowdsourcing], financiación [crowdfounding], ejecución [crowdworking, crowdcreating y crowdthinking] y «electoralización» [crowdbuying, crowdvoting, crowdcuration y crowdplanning]. Con una gobernanza capaz de organizar equipos, optimizar recursos, alinear objetivos y garantizar la calidad del proyecto, este paradigma crowd dispone de las herramientas necesarias para aglutinar capital humano, financiero y creativo para desarrollar proyectos que, de otra forma, serían inviables.

Herramientas

Desde sus inicios, el crowdsourcing fue consustancial a la Cultura Digital basada en Internet y las tecnologías digitales, en especial las redes sociales. Si en el siglo XX se asoció al comercio electrónico, derivando después hacia la creación colectiva de la Web 2.0, el crowd financiero fue la antesala de las prácticas crowd contemporáneas. Internet conecta a múltiples personas de múltiples disciplinas, facilitando su participación y colaboración. Como ágora virtual que reúne ideas para colaborar en un proyecto común, la tecnología social lubrica la fricción de procesos organizativos. Si ayer, reunir recursos para desarrollar una tarea compleja requería una infraestructura de coordinación institucionalizada, hoy, es posible la fluencia y confluencia «viscosa» de una multitud «líquida» organizada en un proceso de decisión online. Los procesos en red y en la Red han cambiado las prácticas crowd: transformando las formas de comunicarse, relacionarse y organizarse de las multitudes, Internet es clave para entender la nueva realidad. La Red empodera lo público a través del e-Government: un Estado puede elaborar una constitución aplicando las técnicas de Wikipedia. Interactuando con la e-society, el Gobierno electrónico optimiza la prestación de servicios, la participación y el gobierno integrando e-administración, e-democracia y e-gobernanza. Inyectando transparencia y promoviendo la participación, hoy el crowdsourcing público ya nutre el bien común aplicando la expertise ciudadana en varios ámbitos [políticas públicas y presupuestos participativos, generación de ideas, contribuciones de expertos y distribución de trabajo] y se orienta hacia la buena gobernanza: compromiso ciudadano en procesos decisorios, promoción de la participación, transparencia y rendición de cuentas.

Estableciendo principios y valores por los que los Gobiernos generen conectividad entre actores capaces de articular soluciones conjuntas a la agenda política, las herramientas crowd proponen un modelo relacional de gobernabilidad abierta que, organizando el talento y no el poder, gravita en torno a una acción política innovadora y dialogada en base a las propuestas de las multitudes, para, conversando y co-decidiendo, consensuar soluciones a problemas de complejidad creciente. Decía Roosevelt que una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia. Las representativas evolucionarán hacia modelos abiertos y participativos o cerrados y autoritarios. La Crowd Wisdom del siglo XXI tiene la palabra.