Se define a la comunicación de riesgo, como aquella comunicación dirigida a la modificación de un hábito o conducta, frente a un riesgo real o potencial que se da o puede darse. Generalmente, busca producir percepción y valoración del riesgo para modificar situaciones que puedan evitarse (Riorda, 2011).
Por su parte, la National Research Council (1989) la define como un proceso participativo de intercambio de información y de opiniones entre individuos, grupos e instituciones. Es un diálogo en el cual se discuten variados mensajes que enuncian inquietudes, opiniones o reacciones a los propios mensajes del manejo de riesgos.
Estas definiciones enfatizan la importancia de un proceso de comunicación de carácter dinámico e interactivo que incorpora dispositivos de retroalimentación, por parte de la audiencia, o acepta la posibilidad de desarrollar algún tipo de negociación que derive en una mejor respuesta a una situación de riesgo.
La comunicación de riesgo es una de las principales herramientas para la prevención y mitigación del riesgo, por lo que se convierte relevante el intercambio de información y opiniones sobre el riesgo entre los evaluadores del riesgo, los encargados de la gestión del mismo, los consumidores y otros interesados (Lupin, 2006).
Cuando aparece en la comunicación gubernamental, el riesgo pasa a ser, una política pública en sí misma. No apunta a generar valoraciones positivas, sino básicamente a prevenir, concientizar y/o modificar hábitos o comportamientos.
Etapas de la comunicación de riesgos
Para Covello y Sandman (2001) cuatro son las etapas por las que ha pasado la evolución de la comunicación de riesgo: la primera fue ignorar al público, la segunda explicar mejor la información sobre el riesgo, la tercera dialogar con la comunidad, y la cuarta incluir al público como un agente colaborador.
La comunicación de riesgo tiene un fuerte enfoque participativo actualmente. Son los hechos, las percepciones, los datos empíricos y estadísticos los que colaboran en la generación de la opinión pública en pos de promover una cultura del riesgo.
«La participación es un mecanismo de legitimación y de garantía de pertenencia, y la piedra angular de la apropiación del proceso por parte de los actores locales» (Lavell, 2004: 43).
Caracterización de la comunicación de riesgo
En la práctica de la comunicación del riesgo se hacen presentes dos momentos o situaciones:
- Comunicación del riesgo en situaciones normales, donde los riesgos son tratados de manera hipotética.
- Comunicación del riesgo en situaciones de crisis, donde ya existe la manifestación del riesgo. En ambos casos la comunicación de riesgo, tiene como objetivos (Lupin, 2006): aumentar el conocimiento y la comprensión; incrementar la confianza y la credibilidad; prevenir y resolver situaciones conflictivas.
La comunicación gubernamental debe buscar reducir el riesgo de la población, generando capacidades en la audiencia que disminuyan la vulnerabilidad existente. Es importante enfatizar que la organización de un plan comunicacional del riesgo debe perseguir un criterio de eficiencia, optando por una concepción local de la prevención, es decir, que proceda según las problemáticas particulares de cada localidad, ya que difieren unas de otras, considerablemente.
Es una comunicación que no requiere de consensos, aunque parcialmente podría aducirse que, tal vez, aparece un nivel de consenso cuando se genera una cultura del riesgo, es decir cuando se generan ambientes o valoraciones en torno al riesgo en los ámbitos de acción, en donde se crean reglas de funcionamiento y rutinas y se aprecian respuestas individuales o colectivas. No obstante, el consentimiento es sobre tópicos o elementos que hacen al riesgo, y no necesariamente es comparable con el consenso de un gobierno como un todo, ya que el riesgo debe ser comunicado preferentemente a quien tiene la potencialidad de sufrirlo, lo que permite en buena parte segmentar, salvo que el riesgo sea total, cosa que rara vez sucede (Riorda, 2006).
A su vez es una comunicación de tiempo ilimitado. Vale decir que puede existir la necesidad de comunicarlo sin un origen claro, y puede nunca terminar, lo que equivale a plantear que en algunas sociedades debe ser un aspecto constante frente a determinados hechos que pueden ser cíclicos o que siempre estén en estado latente de sucederse. Ello no niega que pueda tener picos de intensidad. La decisión de la comunicación de riesgo obedece en muchos casos a situaciones de urgencia o de imposición de fenómenos que lo producen. Sin embargo, se puede convivir con el riesgo, sin advertirlo plenamente, o bien tener plena noción del riesgo, pero minimizar sus consecuencias. Por esta razón se puede comenzar por meras decisiones políticas sin que medien apuros o imposiciones y terminar de igual forma.
Particularmente, cuando el riesgo toma forma de campaña específica, sí se puede hacer uso de un eslogan o de una idea predominante. Pero de darse esto, los eslóganes deben ofrecer una fuerte pedagogía que los haga altamente comprensibles. Estos eslóganes pueden tener alguna combinación menor con mensajes que sean polisémicos, especialmente en las consecuencias positivas o negativas que pueda tener el riesgo comunicado (Riorda, 2011).
No obstante, el riesgo es más persuasivo cuando se centra en el temor, especialmente con la pérdida de algo que el ciudadano ya tiene, o con la amenaza futura (León, 1993: 61-64). Y esa efectividad es mucho más alta cuando el miedo es experiencial o ha sido vivido, y que sea conocido por muchos o por todos, sea de manera directa o indirecta. El temor genera acostumbramiento o por lo menos se rutiniza, por lo que estas acciones comunicacionales tienen límites temporales evidentes.
Una regla cardinal de la comunicación en caso de riesgo es nunca subestimar el daño o las consecuencias del mismo; teniendo en cuenta que normalmente hay ocasiones en las que los riesgos se acrecientan, principalmente en estacionalidades donde la comunicación se potencia.
Tipos de comunicación de riesgo
Es posible distinguir tres tipos:
- Comunicación para el cuidado: enfocada en los riesgos para los cuales tanto el riesgo como la forma de enfrentarlo han sido ya bien determinados a través de investigación científica que es aceptada por la mayoría de la audiencia.
- Comunicación para el consenso: dirigida a informar y fortalecer a los grupos a trabajar en conjunto para alcanzar una decisión respecto a cómo un riesgo puede ser prevenido y/o mitigado.
- Comunicación en una crisis: llevada a cabo frente a un peligro extremo y repentino, y juega un papel fundamental al enfrentar la forma de atender la situación.
Estilos de comunicación de riesgo
En función del tipo y nivel de información y de la modalidad de articulación de los actores se pueden definir cuatro modelos comunicacionales del riesgo:
- Modelo de Percepción: la comunicación de riesgo es esencialmente unidireccional con una audiencia identificada a la que se alerta o se la tranquiliza.Este modelo carece de un mecanismo de feedback que permita el ajuste de las distintas percepciones que existen en torno al peligro.
- Modelo de Transmisión: la comunicación de riesgo se centra en el traslado de información sobre los riesgos a los que se exponen los individuos para que adopten acciones tendientes a reducir los riesgos. Es un modelo unidireccional, desde una fuente centralizada hacia el resto de los destinatarios.
- Modelo de Actuación: la comunicación de riesgo pone mayor énfasis en que los actores conozcan y comprendan las funciones de cada uno de los organismos intervinientes y responsables deben cumplir para disminuir el riesgo y atenuar las consecuencias de los desastres.
- Modelo de Interacción: la comunicación de riesgo es un proceso interactivo de intercambio de información y opinión entre los individuos, grupos e instituciones. Esto incluye múltiples mensajes acerca de la naturaleza de los riesgos y otros que no tratan directamente sobre el riesgo pero expresan algún tipo de preocupación, opinión o reacción a los contenidos sobre los riesgos o a los arreglos legales e institucionales de la gestión del riesgo (National Research Council, 1989).