Teoría de los indicadores culturales

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La Teoría del Cultivo permitió a Geroge Gerbner y colaboradores (Gerbner 1972[1]; Gerbner et al. 1980[2], 1990[3], 1996[4], 2002[5]) efectuar un cambio de paradigma y plantear una alternativa a la tradición de los efectos de los medios de comunicación de masas (Mass Communication Research). No niegan la existencia ni importancia de los “efectos”, pero no analizan los efectos inmediatos de los mensajes sino su influencia en el largo plazo. Se evalúan las consecuencias de la exposición reiterada y sistemática a la televisión durante prolongados períodos. Dentro del marco de la Teoría del Cultivo, el Proyecto Indicadores Culturales comenzó en 1967 y se desarrolló durante 25 años en la Annenberg School for Communication de la Universidad de Pennsylvania, EE.UU. En él, se define a la televisión como un sistema centralizado para narrar historias, cuyos dramas, programas informativos y publicidades forman un sistema coherente de imágenes y mensajes que penetran en los hogares.

El proyecto documentó las principales características de los contenidos televisivos y el modo en que ellos afectan las creencias y valores de los televidentes asiduos. Los supuestos de partida del Proyecto Indicadores Culturales son tres:

  1. La televisión es la fuente de imágenes y mensajes más extensamente compartidos en la sociedad. En el hogar estadounidense promedio se ven 7 horas diarias de televisión y los niños, a partir de los 2 años de edad, ven al menos a 3 horas diarias, aún antes de saber hablar. La televisión es “el eje simbólico del ambiente en el que nacen nuestros hijos y en el que todos vivimos nuestra vida” (Gerbner et al., 1996; p. 35)[6].
  2. La asidua exposición a la TV produce, a largo plazo, el cultivo de asunciones equivocadas de las características del mundo social.
  3. La televisión transmite mensajes uniformes, que refuerzan los valores y creencias más convencionales. La rentabilidad del medio depende de la venta de los espacios de publicidad, que son más caros a mayor audiencia. Por eso se producen programas con propuestas convencionales y repetición de fórmulas exitosas.

Principales hipótesis, líneas de investigación y resultados del proyecto indicadores culturales

Dos de las hipótesis en torno a las cuales se articula el Proyecto Indicadores Culturales, generaron dos líneas de investigación. La primera postula que el mundo que muestra la TV distorsiona los datos de la realidad social. Lo que vemos no es reflejo de la realidad, sino que ese “referente refractado” es sustancialmente diferente al “referente objetivo” de las estadísticas del mundo real. Se sometió a prueba mediante una línea de investigación denominada “Análisis del sistema de mensajes”. Entre 1967 y 1991, con frecuencia anual, se registró una muestra semanal de los programas de TV en horario central de máxima audiencia (prime time) de toda la red de canales de EE.UU. Los materiales grabados no fueron clasificados por tipo de mensaje, sino que publicidades, noticieros, series, películas, programas deportivos, realidad y ficción, se consideran un conjunto porque se concibe a la TV como un sistema de mensajes complementarios y coherentes. Lo que arroja un metanálisis de los resultados de los 25 años de investigación, es que la TV presenta una imagen sesgada y distorsionada de la realidad social, con patrones frecuentes y repetitivos (Signorielli, 1986)[7]. Por ejemplo, en el mundo real hay más mujeres que varones pero en la TV hay 3 varones por cada mujer; la clase media está sobrerrepresentada y la trabajadora subrrepresentada, los menores de 18 años y los mayores de 65 están subrrepresentados, y lo mismo sucede con las minorías étnicas. En cuanto a los roles de género, las mujeres son objeto de narraciones llamativamente convencionales. Tienen casi el doble de probabilidad de interpretar el papel de esposas que los varones el de maridos (Greenberg y Collette, 1997)[8]. Para las mujeres en TV el estado civil es mucho más que un dato sociodemográfico: los varones alcanzan los objetivos que se proponen con independencia de su estado civil, mientras que las mujeres tienen más probabilidades de lograrlos cuando están casadas. Si te interesa profundizar el tema y conocer más datos y resultados de las investigaciones acerca de estereotipos de género en la televisión, los encontrarás en el siguiente link http://annenberg.usc.edu/news/diversity/gender-stereotypes-global-status-quo-film

Cuando se trata de la violencia, en la TV es una constante: ocurre 5 veces por hora, involucra 6 de cada 10 programas y casi la mitad de los personajes. El delito es 10 veces más habitual. Las ocupaciones relacionadas con el mantenimiento de la ley y el orden (abogados, policías, jueces) son el 20% de los trabajos en la TV y el 1% de los del mundo real.

La segunda hipótesis plantea que cuanto más un individuo se expone a la TV, más su visión de la realidad sociopolítica se parecerá al referente refractado que al referente objetivo de las estadísticas. Dio lugar a la línea de investigación “Análisis de cultivo o aculturación” que explora si los televidentes saben que lo que ven por TV no es fiel retrato de la realidad. Una variable fundamental que para estos investigadores incide en el mayor grado de aculturación (que las percepciones públicas se aproximen más al mundo proyectado por la televisión que a la realidad objetivada en datos estadísticos) es la cantidad de tiempo que los individuos se exponen a la televisión. Por eso, comparan los resultados de tres clases de televidentes: blandos (ven TV menos de 2 horas diarias); medios (ven TV entre 2 y 4 horas diarias) y duros (ven TV más de 4 horas diarias). Se administraron cuestionarios a muestras representativas nacionales, en los que no se menciona la TV. Los cuestionarios tienen dos partes. La primera pide a los participantes que estimen frecuencias (porcentajes de mujeres que trabajan fuera del hogar, cantidad de abogados, policías, atletas, médicos, probabilidad de ser víctima de un delito, etc.). La segunda evalúa sus actitudes políticas (posición respecto del aborto, inmigración, pena de muerte, homosexualidad, etc.). Los resultados indican que, si se mantienen constantes todas las variables (edad, género, estatus socioeconómico, etc.) salvo la cantidad de horas diarias de exposición a la TV, se observa la “contribución independiente” que ella realiza en el mantenimiento de ciertas creencias. Los televidentes duros son quienes se sienten más inseguros y vulnerables, tienen menores niveles de confianza interpersonal, creen que el mundo es hostil y peligroso y son más proclives a aumentar las atribuciones de la policía. Asimismo, sostienen más prejuicios raciales y concepciones estereotipadas de la demografía y los géneros.

El análisis de aculturación fue llevado a cabo también en la ex Unión Soviética (actual Federación Rusa), Australia, Inglaterra, Holanda, Suecia, Filipinas, Tailandia, Japón, Taiwán y Argentina. De todos los factores, lo que marca la diferencia en el cultivo es el grado de diversidad de los contenidos. Un único canal con una estructura de programación variada –como era el caso en la ex Unión Soviética- puede producir menos aculturación que muchos canales compitiendo por la misma audiencia a partir de la utilización de recursos parecidos –el caso de Estados Unidos-. Las cuestiones cruciales son dos: la importancia de la TV dentro de cada cultura, y la consistencia y homogeneidad en los mensajes. A mayor importancia y consistencia, mayor aculturación (Gerbner et al., 2002)[5].

Sobreinclusión (mainstreaming) y resonancia (resonance)

Los conceptos de sobreinclusión y resonancia explican por qué el elevado consumo televisivo crea sentimientos de miedo y victimización (Gerbner, Gross, Morgan, Signorielli y Shanahan, 2002)[5]. La sobreinclusión es la comunidad de puntos de vista de los televidentes duros de grupos demográficos cuyos televidentes ligeros tienen puntos de vista diferentes. Según las personas se ubiquen en distintos grupos a partir de sus diferencias socioeconómicas, regionales o de ideología política es esperable que también manifiesten diferentes perspectivas de la realidad social. Sin embargo, el mainstreaming indica que los televidentes duros anulan las diferencias derivadas de la variedad cultural, social y política de los grupos a los que pertenecen. Como consecuencia de la alta exposición a la televisión se produce una homogeneización de actitudes y creencias porque los individuos adoptan los puntos de vista de la corriente dominante o mainstream. La noción de resonancia se refiere al efecto de “sobredosis” cuando las historias de la televisión “resuenan” y confirman experiencias de la vida real (Gerbner, Gross, Morgan y Signorielli, 1980)[2]. Por ejemplo, los televidentes duros que han sido víctimas de un delito son quienes más sentimientos de victimización expresan.

Véase también

Referencias

  1. Gerbner, G. (1972). Violence and television drama: trends and symbolic functions. En: G. Comstock y E. Rubinstein (Eds.), Television and social behavior. Washington: US Government Printing Office.
  2. 2,0 2,1 Gerbner, G.; Gross, L.; Morgan, M. y Signorielli, N. (1980). The “mainstreaming” of America: violence profile Nº 11, Journal of Communication, 30 (3), 10-29.
  3. Gerbner, G.; Gross, L.; Morgan, M. y Signorielli, N. (1990). Trazando la cotrriente dominante: contribuciones de la televisión a las orientaciones políticas, Revista de Psicología Social, 5 (1), 71-79
  4. Gerbner, G.; Gross, L.; Morgan, M. y Signorielli, N. (1996). Crecer con la televisión: perspectiva de aculturación. En: J. Bryant y D. Zillmann (comps.), Los efectos de los medios de comunicación. Investigaciones y teorías. Barcelona: Paidós.
  5. 5,0 5,1 5,2 Gerbner, G.; Gross, L.; Morgan, M.; Signorielli, N. y Shanahan, J. (2002). Growing up with television: cultivation processes. En: J. Bryant y D. Zillmann (Comps.), Media Effects. Advances in theory and research. 43-68. Nueva Jersey: Lawrence Erlbaum Associates.
  6. Gerbner, G.; Gross, L.; Morgan, M. y Signorielli, N. (1996). Crecer con la televisión: perspectiva de aculturación. En: J. Bryant y D. Zillmann (comps.), Los efectos de los medios de comunicación. Investigaciones y teorías. Barcelona: Paidós.
  7. Signorielli, N. 1986. Selective television viewing: A limited possibility, Journal of Communication, 36 (3), 64-75.
  8. Greenberg, B. y Collette, L. 1997. The changing faces on TV: A demographic analysis of network television´s new seasons 1966-1992, Journal of Broadcasting and Electronic Media, 41 (1), 1-13.


Autores de esta voz

Virginia García Beaudoux y Orlando D’Adamo